Ana Isabel Martínez

Una tarde accedí a la invitación de mi amiga Elena, que llevaba insistiendo desde hacía tiempo para que probara el Yoga, y yo –la verdad- no sentía la necesidad porque tenía muy claro que lo mío eran las montañas, y no veía cómo el Yoga podía mejorar mi vida o mis actividades montañeras.

Cumplir años nos hace más selectivos y ya no me llena una actividad física sin más.

Cada sesión de Yoga es un descubrimiento, tanto a nivel físico como mental, aderezado siempre con esa respiración consciente que nuestro profesor nos recuerda a cada instante. La práctica del Yoga me aporta alegría y vitalidad. Son noventa minutos de trabajo centrados en el autoconocimiento y el equilibrio personal. Es, realmente, un viaje al interior, que te muestra tus límites y, a la vez, ensancha tus horizontes.

Gracias a la profesionalidad de Óscar y a su manera de entender el Yoga, cada día me brinda la oportunidad de echar vida a los días y no días a la vida.

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