El error más común en yoga: la adoración de asana

eka pada badda raja kapotasana

En numerosas ocasiones, me encuentro  enseñando a mis alumnos, la importancia de conocer ASANA como lo que es, y no como lo que creemos (la visión popular occidental) que es.

Es una herramienta, como lo es un lápiz, o un coche, o un teléfono. Son utensilios, quiere decir que están diseñados para una utilidad, un fin. En sí mismos, como objetos puramente, tienen muy poco sentido. Lo importante es la utilidad que le damos, lo que podemos llegar a conseguir con ellos. Un lápiz, por ejemplo, para el artista, para un niño, para un sastre, etc. el objeto es el mismo, pero la utilidad y el fin son muy diferentes. Son medios para llegar a conseguir lo que uno pretende. Hay muchos tipos de lápices, cada uno debemos elegir el que mejor vaya con nuestro fin. Una misma herramienta nos permite conseguir diferentes propósitos en diferentes momentos, podemos: dibujar, anotar, hacer puntos, manualidades, decorativo, etc, con un simple lápiz.

La mayoría de los libros de yoga se han escrito  a modo de manual de instrucciones.

Si algo he aprendido de mi profesor, Ramaswami,  es justamente lo que más echaba de menos en el mundo yóguico:  el sentido común.

Asana es un MEDIO, no un fin.

uso asana  para mejorar mi cuerpo, para llegar a un mejor estado de salud  y bienestar integral

Parsvakonasana Krishnamacharya

Krishanamacharya en parsvakonsana en su primer libro Yoga Makaranda

Si a la mayoría de los profesores de yoga nos enseñaran una foto de Sri K. Pattabhi Jois, o de su profesor T.Krishanamcharya, sin saber quienes son, pensaríamos: están HACIENDO MAL EL ASANA. Esto es debido a que hoy en día se ha extendido un virus sobre el prototipo de cada asana, descrito con pelos y señales (como si tuviera que pasar un control de calidad). Es como el juego de “encuentra las 7 diferencias”

parsvakonasana

Parsvakonasana con todos los parámetros para que cumpla con la “legalidad”

El asana, como herramienta (forma que adopta el cuerpo) está viva, cambia constantemente. Igual que el dibujante que va mejorando su técnica, destreza, estilo… va cambiando la manera en la que usa su lápiz. De igual manera el yogui que va practicando, modificando su cuerpo, su mente, su conciencia, su control, sus fines… va utilizando ASANA de manera que mejor le convenga para conseguir sus FINES en cada momento.

Por esto, es categóricamente erróneo que halla un prototipo de ASANA. La mayoría de los libros de yoga se han escrito  a modo de manual de instrucciones. Pero son sólo eso, UN MANUAL, como el de cualquier  teléfono o aparato. ¿cuántos de nosotros leemos esos manuales, con pelos y señales, y tratamos de no incumplir o probar nada que no esté en es sacro manual? La misma lógica la tenemos que aplicar a los textos de yoga. Son sólo una forma de transmisión, para animarnos a la práctica, y que USEMOS esa herramienta para lo que cada uno quiera.

Si algo he aprendido de mi profesor, Ramaswami, es justamente lo que más echaba de menos en el mundo yóguico: el sentido común. Desde mis comienzos como profesor veía a otros profesores, alumnos, incluso muchos de mis profesores, haciendo cosas que no me parecían lógicas (iban en contra de todo lo que había estudiado en INEF).

A mis alumnos les enseño cuáles son los requisitos mínimos (ese pequeño manual para comenzar a andar) para usar asana. Estos no lo he aprendido en el mundo yóguico, sino en las ciencias del movimiento humano: el desarrollo motor, el aprendizaje motor, la biomecánica, los modelos de alto rendimiento, fueron asignaturas de INEF que siempre me apasionaron. En ellas se analizan modelos de movimiento, se crean progresiones y adaptaciones, y se estudian los procesos. Ninguna de estas ciencias  afirmaba que la postura debía cumplir un canon. Más bien todo lo contrario, pero eso es contenido para otros artículos.

Pero el yoga, aunque a través de la estética llama nuestra atención, en ningún momento fue creado para el deleite del espectador. Es una práctica para uno mismo. Lo mejor es guiarse desde la percepción interna (locus de control interno), no desde un modelo “idealizado o estandarizado”  (locus de control externo).

Por eso, es clase me encuentro a menudo, con la dificultad de re-orientar a la persona que está buscando conseguir un asana, y usa su cuerpo para llegar a asana. Cuando lo gracioso es que el viaje es justo al revés, uso asana (medio) para mejorar mi cuerpo, para llegar a un mejor estado de salud  y bienestar integral.

Es lo que se conoce como la relación FUNCIÓN-FORMA.

  • ¿Qué función (fin) quiero conseguir?
  • ¿de qué manera (forma-medios) debo usar  esta herramienta?.

Estas son las preguntas que como practicantes debemos formular. Si sabemos dónde queremos ir, podemos decidir que medio utilizar: a pie, en coche, en barco… Con el yoga nos sucede lo mismo. Tenemos multitud de posibilidades, de ejercicios físicos, de respiración, fisiológicos, mentales, espirituales, conductuales, dietéticos… pero en ningún caso son el fin.

El mito erróneo de que asana es un fin a alcanzar, hace que muchos sigamos buscando asana, y nos olvidemos de buscarnos a nosotros mismos en el asana.

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